Desarma y sangra
Santa María de Punilla - Córdoba, Argentina.
Memoria Descriptiva
Equipo
Arq. Lucio Herrero
Arq. Giuliana Grivarello
Arq. Camila Barrera
Arq. Paulina Santi
Arq. Julia Milano
Arq. Julia Martinez
Desarma y Sangra es una instalación artística y performática concebida a partir de elementos propios del ecosistema del Cosquín Rock: andamios, pelotas y luz. Materiales habituales del montaje técnico del festival se desplazan de su función original para reconfigurarse como materia poética, construyendo un nuevo organismo dentro del paisaje serrano.
La estructura se compone de un cubo de andamios que se desmaterializa para dar protagonismo a las pelotas, suspendidas y acumuladas como cuerpos en tensión. En su base, estas conforman una topografía elástica que invita al descanso, al contacto físico y a la pausa en medio del movimiento constante del festival. El espacio funciona como punto de convergencia entre escenarios, referencia visual desde distintos sectores del predio y lugar de encuentro espontáneo.
Durante el día, la instalación ofrece reparo del sol y del calor, generando sombras cambiantes a partir de la geometría y disposición de las pelotas. La obra muta con el paso del tiempo y la luz natural, produciendo distintas atmósferas que acompañan el ritmo del festival y la relación con el paisaje de las sierras.
Al caer la noche, la iluminación artificial tiñe las pelotas de rojo, un color cargado de energía, intensidad y pulsión vital asociada al rock. El rojo activa la instalación, la vuelve reconocible a la distancia y establece un contraste directo con el verde del entorno natural, reforzando su presencia en el paisaje nocturno del festival.
Desarma y Sangra se concibe como una instalación viva y performática. En momentos determinados, las pelotas se liberan y regresan a su uso habitual, marcando un ciclo de contención y expansión. Ese gesto de desarmarse introduce una ruptura momentánea del orden, una liberación colectiva que reactiva el movimiento y la energía del lugar.
El título retoma la canción de Charly García y sugiere dejar caer defensas, soltar el control y abrirse a la transformación. En esa clave, la instalación propone un ejercicio de vulnerabilidad y pulso: una secuencia de pausa, descarga y recomposición que mantiene viva la experiencia del festival.
Desde una lógica de mínima huella, el proyecto reutiliza sistemas existentes del festival, es completamente desmontable y de bajo consumo energético. Diseñar con lo que ya está se vuelve parte del concepto: una arquitectura efímera, reversible y coherente con la dinámica del evento.












